lunes, 19 de diciembre de 2011

Ann Rose, III

Capitulo III.


"¿El look?" pregunté atónita.
"Claro, no pareces una niñita de papá que no sabe siquiera hacer huevo frito." Me sonrió.
"¿Eso quiere decir que estoy contratada?" Di que sí, di que sí.
"Seguro, soy Dann" mientras lo decía se limpió la mano en el delantal y le la dio. La estreche sonriente como nunca. "Estoy volviéndome loco aquí yo solo, y a decir verdad no quiero limpiar esos baños otra vez".
"Ann" respondí. "¿Cuándo empiezo?"
"Mañana por la mañana, puedes, ¿verdad?" Una mujer de la mesa cerca de la ventana lo llama haciendo la seña de que quería un café. Dann asintió con la cabeza. "Bueno, hay trabajo, te veo mañana Ann. Te tomaré los datos mañana" Y se esfumó detrás de las puertas de la cocina.
Me quedé contemplando el lugar, mi trabajo. Lo había hecho. Tenía el trabajo soñado, quien me dice, quizá aquí encuentre gente del ambiente, conoceré personas, ¡música gratis! Es perfecto. Y pocas cosas en la vida lo son. El sonido de la puerta al abrirse me trajo de mi ensimismamiento y salí del lugar. El calor seguí agobiando las calles de la cuidad, pero a mí ya no me importaba, tenía un trabajo, lo cual era genial. Era un problema menos, una solución más. Decidí aprovechar mi única tarde libre en lo que supuse yo serían semanas y exploré el lugar. Había estado en la cuidad, pero era muy pequeña. Mi padre me trajo a comprar los regalos de navidad del 99, lo recuerdo. Tomamos helado y fuimos a la plaza. La plaza, me preguntó si seguirá donde estaba. Bueno, técnicamente no se puede haber movido pero es muy probable que la hayan destruido para crear algún centro comercial. Tiran abajo los sueños de los niños para complacer los caprichos vacíos de los adultos. A unas cuadras había un cartel que decía "Gangster Records". Genial, una disquería, sí iba a vivir en este lugar tenía que encontrar una disquería, una librería y una tienda de ropa. Me adentré en la disquería. Era un lugar más amplio, parcia viejo y las paredes estaban repletas de posters de bandas y de discos, inclusive había fotos del que, supuse yo, era el dueño con diferentes artistas, y cada foto estaba dedicada. El hombre que aparecía continuamente en las fotos era una persona mayor, con apariencia de hipie desganado, pero se podía apreciar la admiración que les tenía a los artistas por la mirada en sus ojos.

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