Hoy me escribiste un mail, con anécdotas viejas, momentos que quedaron en la memoria. Apenas empecé a leer se me llenaron los ojos de lágrimas. No sé que me pasa, pero últimamente te extraño más que de costumbre. Hoy hablaba por teléfono con vos y pensaba en lo patético de la situación (y ahora escribiendo esto pierdo de vista el teclado entre las lágrimas).Me contaste de momentos sencillos, tardes de juego abajo de la lluvia, un gomón en el medio de un río en un día de verano... ¿donde quedó todo eso? En ningún momento dejamos de ser felices con esas cosas, en ningún momento necesitamos más que eso para sonreír, y sin embargo ¿en qué estamos? En visitas de horas de una vez cada 15 días, una semana con suerte. Charlas telefónicas de un par de veces a la semana. ¿Alguna vez te voy a dejar ir? ¿Alguna vez voy a aceptar el hecho de que ya no me despertás en la mañana de mi cumpleaños? ¿Cuándo voy a poder superar el hecho de que no vuelvo a mi casa y te encuentro, o que tu casa yo no la siento mía? Supongo que esas son algunas de las razones por las cuales hoy estoy donde estuve, porque simplemente no puedo aceptar el hecho de que no estás conmigo como te quisiera. Y así todo, no solo no estás, sino que a veces me encuentro con alguien muy lejano al que recuerdo en esos momentos.Vamos a los hechos, ya pasaron 10 años, las cosas pasan por algo, y si hoy me dieran la posibilidad, no desearía que vuelvas a vivir con nosotras. Pero si de mi dependiera, desearía que estuvieras más cerca, desearía poder encontrarme con vos más seguido para almorzar y crear más momentos de encuentro, de charla, donde seamos más abiertos, no simplemente unas horas al estilo trámite de fin de semana. Desearía que estuvieras más, poder verte más, ¿es mucho pedir?
No se a que vine con todo esto, pero tenía que sacarlo por algún lado, ya está, es eso. Otra carta de las millones que nunca va a leer...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario