jueves, 18 de agosto de 2011

¿Príncipes? ¿Quién los quiere? Mientras mis amigas se desvivían por Febo, yo me enamoré de Quasimodo. No es que "me gustan los feos" como me han dicho incontable veces, sino que vas allá de cómo se vean. A mi nunca me gustaron los príncipes, yo admiraba los guerreros. Yo no quería jugar a la doncella que esperaba que la rescataran, yo era la guerrera que luchaba contra el dragón. Siempre me gustaron las cosas así. Las personas que se la juegan, que no tienen miedo o vergüenza de luchar por lo que sienten, de demostrarlo. Yo soy la clase de persona capaz de mover montañas por una buena causa. Yo no quiero flores ni poemas de amor, las flores se marchitan y los poemas no son más que versos repetidos. No todo es tan fácil como parece, no es tan simple tenerme. A mí siempre me gustaron las cosas visibles y las pruebas fehacientes. Cuando no sepas que decir, besáme. Cuando no te quiera mirar, abrazame. Cuando tengas miedo de lo que pensás, decilo, seguro no está tan mal. Antes que quedarte sin hacer nada, actuá.
A mi no me gustan los diamantes, las pulseras de mariposas con alas negras valen más que un millón de piedritas brillantes y caras. No quiero libros de colección, un comic personalizado que entra en una billetera es mucho más lindo. Es otro el valor que le doy yo a las cosas, a las acciones y a las palabras.

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